Doctrina social de la Iglesia

          La doctrina social de la Iglesia es inseparable de la totalidad de la vida y de la misión del pueblo de Dios. La Iglesia está inmersa  en la sociedad histórica y, por tanto, tiene el deber de proclamar el ideal del evangelio a toda la comunidad humana. Por esto, sería imposible que la Iglesia no tuviera una doctrina social.

            Esta doctrina social es tan antigua  como la misma Iglesia. Atendiendo a su misión profética, desde sus inicios ha proclamado el punto de vista del evangelio sobre los comportamientos sociales, políticos y económicos.

            Surgen estas preguntas: ¿Cómo justifica y cómo legitima la Iglesia sus intervenciones sobre las cuestiones antes citadas? ¿Cuál es el rasgo distintivo de la doctrina social de la Iglesia? El papel de la Iglesia en la sociedad  se explica con dos consideraciones: en primer lugar, por la conciencia constante de la Iglesia de su deber de anunciar el evangelio a todos los pueblos, y, en segundo lugar, por la necesidad de responder a los cambios constantes de la sociedad a la que ha de anunciar la palabra de Dios.

            Así, en la doctrina social de la Iglesia encontramos unos principios permanentes y las aplicaciones variables en los diferentes contextos sociales e históricos. Leyendo los documentos de la doctrina social observamos unos elementos de continuidad que fluyen de las enseñanzas del evangelio sobre el amor a todos los seres humanos, la defensa del pobre y del oprimido, la denuncia de la injusticia, el destino espiritual del hombre, la fraternidad universal, etc. Sin embargo también encontramos la adecuación progresiva de esta doctrina a las necesidades y a las condiciones de la sociedad que cambia. El Concilio Vaticano II ha expresado muy bien esta postura de la Iglesia cuando ha invitado a los cristianos a discernir “los signos de los tiempos” y a interpretarlos a la luz del Evangelio.

            La misión específica de la Iglesia en el campo social es esencialmente de naturaleza religiosa. La Iglesia no reivindica ninguna competencia de orden puramente técnico o político, ni tampoco ofrece un proyecto social, económico o cultural particular. Sin embargo esto no significa que la Iglesia no tenga ninguna misión a realizar en el campo social, económico y cultural. Precisamente de la misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según el plan del Creador. La Iglesia anuncia los principios morales y recuerda la dimensión religiosa de la actividad individual y social en los ámbitos de la sociedad.

            En la proclamación y en la aplicación de la doctrina social de la Iglesia hay que establecer una distinción entre las intervenciones del magisterio de la Iglesia que se pronuncia sobre cuestiones sociales, y la libre iniciativa de los católicos, animados a comprometerse en proyectos sociales y políticos concretos sin la pretensión de identificar su opción personal con la Iglesia o con el evangelio.

            Como ha afirmado el Concilio Vaticano II, la Iglesia no pretende dar una respuesta inmediata a todos los complejos problemas de la sociedad moderna. La Iglesia se pone también en una actitud de búsqueda y de reflexión, juntamente con todos aquellos que llevan en su corazón el futuro de la humanidad. La Iglesia enseña, pero acepta también acompañar a la familia humana en sus realizaciones y en su búsqueda de la justicia.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal de Barcelona