Derechos de Dios y derechos humanos

Hablar de los derechos humanos es hablar de la persona humana, porque estos derechos brotan como exigencias de la dignidad de la persona. Éste es el fundamento de los derechos humanos que establece la Declaración universal y que reconocen los pueblos democráticos actualmente.

Sin embargo, la fuerza moral y jurídica vinculante de los derechos humanos dependerá mucho, al menos en la práctica, del concepto que se tenga de persona humana. Aquí tiene un papel muy importante la antropología que se adopta como fundamento de los derechos fundamentales de la persona humana.

El cristianismo, reconociendo la igualdad de todos los hombres y las mujeres creados por Dios y relacionados con Él, ha dado un impulso decisivo al reconocimiento y a la reivindicación de los derechos de la persona humana. Podría parecer que la proclamación de estos derechos se ha realizado sin la intervención del cristianismo, obedeciendo históricamente a corrientes laicistas y secularizadas. Sin embargo, hay que decir que el cristianismo ha ofrecido elementos primordiales para llegar a las formulaciones de los derechos mencionados, ya que ha dado a la cultura el valor preciado de la persona humana y de su dignidad. La Declaración universal no habría sido posible sin el fundamento cristiano.

Aún más, el cristianismo ofrece un fundamento más fuerte y más eficiente de los mencionados derechos fundamentales. Este fundamento último se encuentra en Dios, que es la mejor garantía de la dignidad de la persona humana. El respeto y el amor a cada persona es respetar y amar a Dios. Jesucristo ha reforzado esta vinculación entre Dios y la criatura humana diciéndonos que el primer mandamiento de amar a Dios es inseparable del segundo, que consiste en amar a todo hombre y toda mujer. Y aún más, Él nos ha dicho que lo que hacemos a cualquier persona se lo hacemos a él mismo.

Hoy se habla mucho de los derechos del hombre y al mismo tiempo son conculcados en muchos países. Sin embargo, no se habla nunca de los derechos de Dios. Los derechos del hombre y los derechos de Dios caminan juntos. Allí donde Dios y sus leyes no son respetados, el hombre tampoco lo es.

El compromiso constitucional e internacional en favor de los derechos humanos no constituye una obligación objetiva y efectiva suficiente, porque le falta una autoridad moral superior que los haga respetar. Esta autoridad moral, las religiones monoteístas la encuentran en Dios. El hecho de que existan valores que no son manipulables por nadie es una auténtica garantía de nuestra libertad y de la grandeza del ser humano.

Después de 67 años de la Declaración universal de los derechos del hombre, hay que continuar diciendo: “Se trata de dar a Dios lo que es de Dios. Sólo entonces se dará al hombre aquello que pertenece al hombre. Se puede concluir diciendo que el respeto de los derechos del hombre presupone el respeto de los derechos de Dios.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal Arzobispo emérito de Barcelona